Antoine Soradora nació en 1902 en Loulé, bajo el calor abrumador de la pequeña ciudad del sur de Portugal. Antoine Soradora era solitario, sus mayores percibieron en él la posibilidad de ser un futuro sacerdote sabio, pero en secreto el joven sentía un íntimo y misterioso ardor: su entusiasmo por los aromas y los perfumes.
Antoine tenía especial atención por cada uno de los aromas que definen su entorno cotidiano como la lavanda colgando salvajemente a lo largo de los caminos, la fusión de tierra y agua, de la fuente al borde de la sombra, de turba y de heno, de hierba de primavera recién cortada, de flores y frutas.
Aunque su padre le enseñó el amor a la tierra, a los 18 años, Antoine Soradora se enfrentó a un dilema, si seguir por ese camino o dejar su país.
Mientras que el invierno, húmedo y templado parece no terminar, al joven le llega una noticia que cambiará el rumbo de su vida “Francia está reclutando extranjeros como mano de obra para trabajar en sus grandes explotaciones mineras”.